Sábado 10 de septiembre: Canterbury
- 10 sept 2016
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A no más de media hora de Ashford, nuestra casa en estas tres semanas, se encuentra Canterbury. El camino a nuestro destino nos regaló lo mejor que hemos visto de la campiña inglesa hasta el momento. Suaves lomajes, diversos colores, campos de trigo recién cegados, piños de ovejas meditabundas y un canal que corre paralelo al camino, nos iba ofreciendo pequeños caseríos rurales llenos de vida y de magia. Ya este camino de poco más de veinticinco minutos de traslado era suficiente para transportarnos a un paisaje que aún no develábamos en nuestro viaje. Pero lo que vendría después, nadie lo podía imaginar.
Llegar a Canterbury y encontrarse en primer lugar con una ciudad amurallada era algo inesperado. Primera sorpresa, la ciudad se dividía en un sector extramuros, un poco más moderno pero que conservaba el estilo y ambiente del pueblito medieval que visitábamos; y el sector intramuros, donde seríamos transportados sin mucho más preámbulo a un pueblo medieval del siglo XI o XII. Coronando este primer encuentro se presentaban las torres de la Catedral de Canterbury, nuestro principal objetivo de la jornada.
En el centro neurálgico de la ciudadela medieval se levantaba soberbia y monumental la entrada al sector de la catedral misma; y a centro de tres o cuatro callejuelas pequeñas un monumento a los soldados de Canterbury que entregaron sus vidas tanto en la primera como la segunda guerra mundial.
El portal de la Catedral, un verdadero mosaico de piedras con motivos góticos y un sinnúmero de escudos y esculturas de santos y reyes de veía coronada por la presencia de Jesucristo invitando a entrar a un lugar de recogimiento y meditación. Al cruzar el portal, inmensa, magnífica, soñada, la Catedral de Canterbury.
Frente a frete una construcción del más puro estilo gótico, arcos ojivales, torres que se izan al cielo tocándolo y una inmensidad de decorados, estatuas, vitrales, y gárgolas que nos transportaron directamente al pasado. El recorrido por el sector interior, los jardines, la nave principal y los secretos de la cripta no hicieron más que profundizar la admiración que no provocó la vista exterior.
Increíble observar también la calidad de Iglesia viva que denota en este lugar la Iglesia Anglicana, porque no estábamos visitando un museo de sitio, estaban en el principal centro ceremonial y ritual de la iglesia nacional de Inglaterra y sede del Arzobispado más importante de todo el país.
De hecho durante nuestra visita se celebró un oficio religioso el que vino acompañado de una serie de cofradías y bailarines, a la usanza medieval, que hicieron de este encuentro un momento mágico y ancestral.
De salida de este lugar no podíamos más de nuestra emoción. Por si sola esta experiencia bastaba. Sin embargo había más: visitamos las ruinas de un castillo normando empezado a construir cerca del año 1000, donde nuestros chicos pudieron disfrutar de su lunch y luego quedar libres para realizar el más importante y trascendente de los ritos de nuestros chicos y chicas: arrasar con las tiendas de Canterbury.




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